lunes, septiembre 04, 2006

la iglesia y el estado

Todas las religiones, con sus dioses, sus semidioses y sus profetas, sus mesías y sus santos, han sido creadas por la fantasía crédula de los hombres, no llegados aún al pleno desenvolvimiento y a la plena posesión de sus facultades intelectuales.

Esclavos de dios, los hombres deben serlo también de la iglesia y del Estado, en tanto que este último es consagrado por la iglesia.

No sin razón, el Gobierno considera la fe en dios como una condición imprescindible de su autoridad.

Hay una categoría de gentes que, si no cree, debe al menos aparentar que cree. Son todos los atormentadores, todos los opresores y todos los explotadores de la humanidad. Sacerdotes, monarcas, hombres de Estado, hombres de guerra, financistas públicos y privados, funcionarios de todas las especies, policías, carceleros y verdugos, monopolizadores, capitalistas, empresarios y propietarios, abogados, economistas, políticos de todos los colores, hasta el último comerciante, todos repetirán al unísono estas palabras de Voltaire: Si dios no existiese habría que inventarlo. Porque, comprenderéis, es preciso una religión para el pueblo. Eso es la válvula de seguridad.

Puesto que siempre y por todas partes una sociedad severa fue la única razón de los crímenes, el castigo de los delincuentes sólo es hipocresía o un evidente disparate de parte de la sociedad, puesto que cada castigo supone la culpabilidad, el delincuente nunca resulta culpable.

ireberencia premeditada

La libertad, la moral, la instrucción y el bien de cada uno a través de la solidaridad de todos conforman la fraternidad humana.

La Alianza se declara atea; quiere ante todo la igualación política, económica y social de las clases e individuos de ambos sexos, quiere que la tierra, los instrumentos de trabajo, como cualquier otro capital, siendo propiedad colectiva de la entera sociedad, sólo sean usados por los trabajadores, o sea por las asociaciones agrícolas e industriales. Reconoce que todos los Estados políticos y autoritarios actualmente existentes, deberán desaparecer en la unión universal de las libres Asociaciones, agrícolas como industriales.

Y esos mismos escritores socialistas que truenan contra la burguesía, son burgueses de los pies a la cabeza, propagandistas, apóstoles de la poítica burguesa, y por una consecuencia necesaria, muy a menudo sin saberlo y sin quererlo, los defensores de los intereses de la burguesía contra el proletariado.

¡Abajo todos los explotadores y todos los tutores de la humanidad; libertad y prosperidad al trabajo, igualdad de todos y fraternidad del mundo humano, constituido libremente sobre las ruinas de todos los Estados!


Bakunin

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