disolucion en evolucion
Cuando en la sociedad existe bastante motivo para la revolución, ninguna fuerza humana puede impedir que brote esta revolución. Si el gobierno y las clases privilegiadas se esfuerzan en obstaculizarla, estas tentativas le dan fuerza a la revolución, estas reacciones, quizás exitosas por el pasado, sólo permiten la formación de las ideas revolucionarias, sólo enseñan realmente la vía de la revolución, que alimentan de por sí los instintos revolucionarios, que, tal vez,sehabía buscado tanto tiempo en vano.
No se improvisan las revoluciones. No se hacen arbitrariamente ni por los individuos ni siquiera por las asociaciones más poderosas. Independientemente de toda voluntad y de toda conspiración, están siempre traídas por la fuerza de los eventos. Se puede preverlas, presentir la aproximación a veces, pero nunca acelerar su explosión.
Es éste un signo infalible por el cual los obreros pueden reconocer un falso socialista, un socialista burgués. Si en lugar de hablar de revolución o si se quiere de transformación social, él les dice que la transformación política debe preceder la transformación económica; si niega que ellas deben hacerse las dos a la vez o incluso que la revolución política no debe ser otra cosa que la puesta en acción inmediata y directa de la plena y entera liquidación social, que el obrero le dé la espalda pues o es un tonto, o un hipócrita explotador.

La revolución tal como la entendemos deberá desde el primer día destruir radical y completamente el Estado y todas las instituciones estatales. Las consecuencias naturales y necesarias de esta destrucción serán:
a) la bancarrota del Estado;
b) el cese de pago de las deudas privadas por la intervención del Estado, dejando a cada deudor el derecho de pagar las suyas si así lo desea;
c) el cese de pago de cualquier impuesto y deducción automática de todas las contribuciones, sean directas o indirectas;
d) la disolución del ejército, de la magistratura, de la burocracia, de la policía y de los sacerdotes;
e) la abolición de la justicia oficial, la suspensión de todo lo que jurídicañente se llamaba el derecho. Por consiguiente abolición y auto de fe de todos los títulos de propiedad, actos de herencia, de venta, de donación, de todos los procesos, de todo el papeleo jurídico y civil en una palabra. Por doquier y para todo el hecho revolucionario, en lugar del derecho creado y garantizado por el Estado;
f) la confiscación de los capitales productivos e instrumentos de trabajo beneficio de las asociaciones de trabajadores, que tendrán que hacerlas producir colectivamente;
g) la confiscación de todas las propiedades de la Iglesia y del Estado, de los metales preciosos de los individuos en beneficio de la Alianza federativa de todas las asociaciones obreras. Alianza que constiturá la Comuna. Como respuesta a los bienes requisados la Comuna dará lo estrictamente necesario a todos los individuos así despojados, quienes podrán más tarde con su propio trabajo ganar más si lo pueden y lo desean. Para hacer una revolución radical, es preciso pues atacarse a las posiciones y a las cosas, destruir la propiedad y el Estado, y entonces no se necesitará destruir a los hombres, y condenerase a la reacción infalible e inevitable que nunca dejó y no dejará jamás de producir ens cada sociedad la masacre de los hombres.
Así, pues de cualquier parte que se examine esta cuestión, se llega siempre al mismo triste resultado, al gobierno de la inmensa mayoría de las masas del pueblo por una minoría privilégiada. Pero esa minoría, nos dicen los marxistas, será compuesta de trabajadores. Sí, de antiguos trabajadores, quizá, pero que en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores y considerarán desde su altura estatista; no representarán ya desde entonces al pueblo sino a sí mismos y a sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana.
La única diferencia que existe entre la dictadura revolucionaria y el estatismo no está más que en la forma exterior. En cuanto al fondo, representan ambos el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última. Son por consiguiente igualmente reaccionarias, pues el resultado de una y de otra es la afirmación directa e infalible de los privilegios políticos y económicos de la minoría dirigente y de la esclavitud política y económica de las masas del pueblo.
¡Eterno reconocimiento por la grande lucha por la emancipación de los trabajadores! ¡Eterno reconocimiento por el más honrado entre los honrados, por el más generoso entre los revolucionarios generosos! Eterna vergüenza por los envidiosos, que le calumniaron, le acusaron desde la acción desorganizadora, acusados él y sus amigos de falsificación.
Bakunin
No se improvisan las revoluciones. No se hacen arbitrariamente ni por los individuos ni siquiera por las asociaciones más poderosas. Independientemente de toda voluntad y de toda conspiración, están siempre traídas por la fuerza de los eventos. Se puede preverlas, presentir la aproximación a veces, pero nunca acelerar su explosión.
Es éste un signo infalible por el cual los obreros pueden reconocer un falso socialista, un socialista burgués. Si en lugar de hablar de revolución o si se quiere de transformación social, él les dice que la transformación política debe preceder la transformación económica; si niega que ellas deben hacerse las dos a la vez o incluso que la revolución política no debe ser otra cosa que la puesta en acción inmediata y directa de la plena y entera liquidación social, que el obrero le dé la espalda pues o es un tonto, o un hipócrita explotador.

La revolución tal como la entendemos deberá desde el primer día destruir radical y completamente el Estado y todas las instituciones estatales. Las consecuencias naturales y necesarias de esta destrucción serán:
a) la bancarrota del Estado;
b) el cese de pago de las deudas privadas por la intervención del Estado, dejando a cada deudor el derecho de pagar las suyas si así lo desea;
c) el cese de pago de cualquier impuesto y deducción automática de todas las contribuciones, sean directas o indirectas;
d) la disolución del ejército, de la magistratura, de la burocracia, de la policía y de los sacerdotes;
e) la abolición de la justicia oficial, la suspensión de todo lo que jurídicañente se llamaba el derecho. Por consiguiente abolición y auto de fe de todos los títulos de propiedad, actos de herencia, de venta, de donación, de todos los procesos, de todo el papeleo jurídico y civil en una palabra. Por doquier y para todo el hecho revolucionario, en lugar del derecho creado y garantizado por el Estado;
f) la confiscación de los capitales productivos e instrumentos de trabajo beneficio de las asociaciones de trabajadores, que tendrán que hacerlas producir colectivamente;
g) la confiscación de todas las propiedades de la Iglesia y del Estado, de los metales preciosos de los individuos en beneficio de la Alianza federativa de todas las asociaciones obreras. Alianza que constiturá la Comuna. Como respuesta a los bienes requisados la Comuna dará lo estrictamente necesario a todos los individuos así despojados, quienes podrán más tarde con su propio trabajo ganar más si lo pueden y lo desean. Para hacer una revolución radical, es preciso pues atacarse a las posiciones y a las cosas, destruir la propiedad y el Estado, y entonces no se necesitará destruir a los hombres, y condenerase a la reacción infalible e inevitable que nunca dejó y no dejará jamás de producir ens cada sociedad la masacre de los hombres.
Así, pues de cualquier parte que se examine esta cuestión, se llega siempre al mismo triste resultado, al gobierno de la inmensa mayoría de las masas del pueblo por una minoría privilégiada. Pero esa minoría, nos dicen los marxistas, será compuesta de trabajadores. Sí, de antiguos trabajadores, quizá, pero que en cuanto se conviertan en gobernantes o representantes del pueblo cesarán de ser trabajadores y considerarán desde su altura estatista; no representarán ya desde entonces al pueblo sino a sí mismos y a sus pretensiones de querer gobernar al pueblo. El que quiera dudar de ello no sabe nada de la naturaleza humana.
La única diferencia que existe entre la dictadura revolucionaria y el estatismo no está más que en la forma exterior. En cuanto al fondo, representan ambos el mismo principio de la administración de la mayoría por la minoría en nombre de la pretendida estupidez de la primera y de la pretendida inteligencia de la última. Son por consiguiente igualmente reaccionarias, pues el resultado de una y de otra es la afirmación directa e infalible de los privilegios políticos y económicos de la minoría dirigente y de la esclavitud política y económica de las masas del pueblo.
¡Eterno reconocimiento por la grande lucha por la emancipación de los trabajadores! ¡Eterno reconocimiento por el más honrado entre los honrados, por el más generoso entre los revolucionarios generosos! Eterna vergüenza por los envidiosos, que le calumniaron, le acusaron desde la acción desorganizadora, acusados él y sus amigos de falsificación.
Bakunin

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