el constructo romántico
Este tipo de costumbres que, en politología, nos hablan de conspiraciones anteriores y posteriores a esta a la que nos referimos -la llevada a cabo por los subversivos oficiales artilleros de la logia militar coruñesa Los Amigos del Orden, en pleno Primer periodo absolutista fernandino-, y que utilizan la estructura orgánica de las sociedades secretas para intentar llevar a cabo su complot, como: los Iluminados de Babiera de Adam Weishaupt -de nombre de guerra Spartakus-, que había copiado formas y maneras francmasónicas para crear aquella subversiva asociación con sus sobrenombres y sus grados; la orgánicamente triangular Conspiración de los iguales de François Noël Babeuf, de sobrenombre Gracchus; los Philadelphos con sus tres grados y sus nombres de guerra; la Sociedad de los Sublimes Maestros Perfectos creada como una" organisation secrète politique de forme maçonnique", como nos explica el Dictionaire de la Francmaçonnerie dirigido por Daniel Ligou, por el discípulo de Babeuf, el francmasón Philippe Buonarroti; la misma masonería española de la época citada del Sexenio negro que también utilizará el "Nombre simbólico" como medida de seguridad, siendo la citada logia militar coruñesa -cuyos miembros eligieron alias como Washington, Filadelfo, etc.-, la que, por primera vez en la historia de las masonerías ibéricas, inicie esta tradición; y después, las sociedades secretas conspiradoras que, remedando parte de las formas y maneras francmasónicas, fueron apareciendo a lo largo de la primera mitad del siglo XIX, como el carbonarismo, los comuneros, los anilleros, las sociedades secretas republicanas en Francia, las mazzinianas Joven Italia y Joven Europa, las de los progresistas a lo largo de toda la española Era isabelina y, ya dentro del incipiente movimiento obrero internacional, la secreta Fraternidad internacional creada, en 1864 y en Florencia, por Mihail A. Bakunin.
Esta sociedad secreta bakuniniana estaba proyectada, como más o menos Weishaupt había pensado la suya casi cien años antes -y León Trotski discurriría, mucho más tarde, su secreta técnica partidaria de infiltración denominada "entrismo"-; es decir, para ser utilizada como secretísima organización de iniciados con el fin de introducirse, clandestinamente, en otras asociaciones -como llegó a intentar con la propia Internacional Bakunin-, para así intentar manipular aquéllas, granjeándose simpatías o inclinando a esas organizaciones hacia sus propias ideas o fines estratégicos. Su programa, transcrito e incluido en el libro biográfico que, sobre Bakunin, escribió Nettlau y, más tarde, publicó de nuevo en su antología Daniel Guerin, recuerda en ocasiones la propia organización y el estilo discursivo masónico al uso y, en otras ocasiones, el discurso piensa en la masonería a la hora de definir, en contraposición a ella, su particular y revolucionaria fraternidad secreta, veámoslo:

"La sociedad internacional revolucionaria se constituirá en dos organizaciones diferentes: familia internacional propiamente dicha y las familias nacionales (...). La familia internacional. Unicamente compuesta por hermanos internacionales, tanto honorarios como activos, será ella la clave de bóveda (...). El candidato (...). Es preciso que esté convencido de que no podrá servir mejor que compartiendo nuestros trabajos, y que sepa que, al ocupar un puesto entre nosotros, contraerá con respecto a nosotros el mismo compromiso solemne que nosotros contraemos respecto a él (...). Debe comprender que una asociación cuyos fines son revolucionarios debe necesariamente formarse como sociedad secreta, y que toda sociedad secreta en interés de la causa a la que sirve y de la eficacia de su acción, así como en el de la seguridad de cada uno de sus miembros, debe someterse a una fuerte disciplina, que no es por otra parte más que el resumen y el puro resultado del compromiso recíproco que todos los miembros han acordado unos respecto a otros, y que por lo tanto es una condición de honor y un deber el someterse cada uno a todo ello (...), no toleraremos más que un maestro, nuestro principio (...). Inclinándonos con respecto ante los servicios pasados de un hombre, apreciando la gran utilidad que podrían aportarnos los unos por su riqueza, los otros por su ciencia, los terceros por su alta posición y su influencia pública, literaria, política y social, lejos de buscarles por todo ello, veremos en lo dicho un motivo de desconfianza (...). Al entrar entre nosotros, el nuevo hermano deberá comprometerse solemnemente a considerar su deber hacia esta sociedad como su primer deber, concediendo como su segunda obligación su atención a cada miembro de la sociedad, su hermano"20
Como recuerda el Dr. Nettlau, hacía un año que el romántico conspirador de origen ruso había abandonado las causas revolucionarias nacionalistas para centrar toda su energía en la causa social. Prueba ésta -como otras muchas- de la fuerte influencia que el liberalismo radical tuvo en el nacimiento del pensamiento anarquista, contradiciendo todo ello, entonces, la tesis -que, por otro lado jamás he compartido- publicada en la serie Documentos de la Editorial Anagrama, con el título Libertarismo versus liberalismo, del profesor de UCLA Carlos Peregrín Otero.
Esta secretísima sociedad revolucionaria fundada y sostenida por Bakunin y denominada, curiosamente, de variadas maneras como: Sociedad Internacional Revolucionaria, Fraternidad Internacional, Societá dei Legionari della Rivoluzione Sociale Italiana -y que, por otro lado, esta prolija forma de denominarla nos refleja una vez más el apasionado y pulsional "Niño" que Bakunin tanto cuidó y llevó siempre dentro-, acabaría siendo el origen o la causa de las denuncias dirigidas contra él en el seno de la Internacional, por parte de un "britanizado" intelectual como Karl Marx, su yerno Lafargue, Engels y Utin, ocasionando la expulsión del carismático l'enfant terrible de la A.I.T., en 1872.
Postcriptum
Esta sociedad secreta bakuniniana estaba proyectada, como más o menos Weishaupt había pensado la suya casi cien años antes -y León Trotski discurriría, mucho más tarde, su secreta técnica partidaria de infiltración denominada "entrismo"-; es decir, para ser utilizada como secretísima organización de iniciados con el fin de introducirse, clandestinamente, en otras asociaciones -como llegó a intentar con la propia Internacional Bakunin-, para así intentar manipular aquéllas, granjeándose simpatías o inclinando a esas organizaciones hacia sus propias ideas o fines estratégicos. Su programa, transcrito e incluido en el libro biográfico que, sobre Bakunin, escribió Nettlau y, más tarde, publicó de nuevo en su antología Daniel Guerin, recuerda en ocasiones la propia organización y el estilo discursivo masónico al uso y, en otras ocasiones, el discurso piensa en la masonería a la hora de definir, en contraposición a ella, su particular y revolucionaria fraternidad secreta, veámoslo:
"La sociedad internacional revolucionaria se constituirá en dos organizaciones diferentes: familia internacional propiamente dicha y las familias nacionales (...). La familia internacional. Unicamente compuesta por hermanos internacionales, tanto honorarios como activos, será ella la clave de bóveda (...). El candidato (...). Es preciso que esté convencido de que no podrá servir mejor que compartiendo nuestros trabajos, y que sepa que, al ocupar un puesto entre nosotros, contraerá con respecto a nosotros el mismo compromiso solemne que nosotros contraemos respecto a él (...). Debe comprender que una asociación cuyos fines son revolucionarios debe necesariamente formarse como sociedad secreta, y que toda sociedad secreta en interés de la causa a la que sirve y de la eficacia de su acción, así como en el de la seguridad de cada uno de sus miembros, debe someterse a una fuerte disciplina, que no es por otra parte más que el resumen y el puro resultado del compromiso recíproco que todos los miembros han acordado unos respecto a otros, y que por lo tanto es una condición de honor y un deber el someterse cada uno a todo ello (...), no toleraremos más que un maestro, nuestro principio (...). Inclinándonos con respecto ante los servicios pasados de un hombre, apreciando la gran utilidad que podrían aportarnos los unos por su riqueza, los otros por su ciencia, los terceros por su alta posición y su influencia pública, literaria, política y social, lejos de buscarles por todo ello, veremos en lo dicho un motivo de desconfianza (...). Al entrar entre nosotros, el nuevo hermano deberá comprometerse solemnemente a considerar su deber hacia esta sociedad como su primer deber, concediendo como su segunda obligación su atención a cada miembro de la sociedad, su hermano"20
Como recuerda el Dr. Nettlau, hacía un año que el romántico conspirador de origen ruso había abandonado las causas revolucionarias nacionalistas para centrar toda su energía en la causa social. Prueba ésta -como otras muchas- de la fuerte influencia que el liberalismo radical tuvo en el nacimiento del pensamiento anarquista, contradiciendo todo ello, entonces, la tesis -que, por otro lado jamás he compartido- publicada en la serie Documentos de la Editorial Anagrama, con el título Libertarismo versus liberalismo, del profesor de UCLA Carlos Peregrín Otero.
Esta secretísima sociedad revolucionaria fundada y sostenida por Bakunin y denominada, curiosamente, de variadas maneras como: Sociedad Internacional Revolucionaria, Fraternidad Internacional, Societá dei Legionari della Rivoluzione Sociale Italiana -y que, por otro lado, esta prolija forma de denominarla nos refleja una vez más el apasionado y pulsional "Niño" que Bakunin tanto cuidó y llevó siempre dentro-, acabaría siendo el origen o la causa de las denuncias dirigidas contra él en el seno de la Internacional, por parte de un "britanizado" intelectual como Karl Marx, su yerno Lafargue, Engels y Utin, ocasionando la expulsión del carismático l'enfant terrible de la A.I.T., en 1872.
Postcriptum

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