el estado socialdemocrata
El Estado es una tutela oficial y regularmente establecida para vigilar y para dirigir el pueblo.
No teniendo el Estado político otra misión que la de proteger la explotación del trabajo del pueblo por las clases económicamente privilegiadas, el poder del Estado sólo puede ser compatible con la libertad exclusiva de esas clases cuyos intereses representa, y por la misma razón debe ser contrario a la libertad del pueblo. Quien dice Estado o Poder, dice dominación; pero toda dominación presupone la existencia de masas dominadas.
Todos les Estados son malos en el sentido de que por su naturaleza, o sea por su base, por las condiciones de su existencia, son lo contrario de la justicia, la libertad y la moral humanas.
El Estado es violencia, una estúpida bravuconada por la violencia.
Quien dice Estado dice violencia, opresión, explotación, injusticia, convertidas en sistema y otras tantas condiciones fundamentales de la existencia misma de la sociedad.
El Estado, señores, nunca tuvo ni podrá tener moral. Su moral y su única justicia es el interés supremo de su conservación y de su omnipotencia, interés ante el cual debe inclinarse lo humano.
El Estado es la misma negación de la humanidad. Y lo es dos veces, como lo contrario de la libertad y de la justicia humanas, y como interrupción violenta de la solidaridad universal de la raza humana. Hay en la naturaleza misma del Estado algo que provoca la rebelión.
El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir: y siempre que interviene lo hace de muy mala gana; porque su naturaleza no es persuadir, sino imponer, obligar. Por mucho que se esfuerce por enmascarar esa naturaleza como violador legal de la voluntad de los hombres, como negación permanente de su libertad.

El Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad.
Dice Marx en su célebre Manifiesto del partido comunista "El proletarido debe concentrar todos los instrumentos de produccion en manos del Estado, es decir, del proletariado elevado al rango de clase dominante". Si el proletariado, se pregunta, se convierte en clase dominante, ¿ sobre quién dominará ? Quedará pues otro proletariado que será dominado a esa nueva dominación, a ese nuevo Estado. Ése es el caso, por ejemplo, de la masa campesina que como se sabe, no disfruta de la benevolencia de los marxistas y que, encontrándose en un nivel inferior de cultura, será probablemente gobernada por el proletariado de las ciudades y de las fábricas; Donde existe el Estado existe inevitablemente la dominación, por consiguiente la esclavitud; el Estado sin la esclavitud -abierta o enmascarada- es imposible: es la razón por la cual somos enemigos del Estado.
¿Qué signifie el proletariado “elevado al rango de clase dominante"? ¿Sería el proletariado entero el que se pondrá a la cabeza del gobierno? Hay aproximadamente unos 40 millones de alemanes. ¿Se imagina uno a todos esos millones miembros del gobierno? El pueblo entero gobernará y no habrá gobernados. Pero entonces no habrá gobierno, no habría Estado; mientras que si no hay Estado, habrá gobernados, habrá esclavos.
Este dilema se resuelve fácilmente en la teoría marxista; Entienden, por gobierno del pueblo, un gobierno de un pequeño número de representantes emegidos por el pueblo. El sufragio universal -el derecho de elección por todo el pueblo de los representantes del pueblo y de los gerentes del Estado-, tal es la úultima palabra de los marxistas lo mismo que de la minoría dominante, tanto más peligrosa cuanto que aparece como la expresión de la voluntad del pueblo.
Ninguna dictadura puede tener otro objeto que su propia perpetuación y que no es capaz de engendrar y desarrollar en el pueblo que la soporta más que la esclavitud; la libertad no puede ser creada más que por la libertad, es decir, por la rebelión del pueblo y por la organización libre de las masas laboriosas de abajo a arriba.
Detestamos la monarquia con todo corazón y estamos convencidos que una gran républica militar, burocratizada et políticamente centralizada, puede convertirse, y necesariamente se convertirá, en una potencia conquistadora en el exterior, opresiva en el interior, y que será incapaz de asegurar a sus súbditos, que se llamarán ciudadadnos, el bienestar y la libertad. El pueblo, en ese sistema, A pesar de su soberanía completamente ficticia, continuará sirviendo de instrumento a pensamientos, a voluntades y por consiguiente también a intereses que no serán los suyos.
Más lejos que se aplica en nuestros Estados el sufragio electoral generalizado, bajo el despotismo de los gobiernos parlamentarios, subrayando que el pueblo no saca ninguna ventaja de la aplicación en Rusia de una constitución. Pero, se dirá, los trabajadores vueltos más sabios por la misma experiencia que hicieron, no enviarán ya los burgueses a las asambleas constituyentes legislativas; enviarán simples obreros. Por pobres que sean, podrán proveer el mantenimiento necesario a sus diputados. ¿Saben ustedes lo que resultará? Los obreros diputados, transportados en las condiciones de existencia burguesa y en una atmósfera de ideas políticas completamente burguesas, cesarán de ser trabajadores de hecho para convertirse en hombres de Estado. Se convertirán en burgueses ellos mismos, y quizás incluso más burgueses que los burgueses mismos. En efecto los hombres no crean las posiciones; son las posiciones, al contrario, las que hacen los hombres.
Bakunin
No teniendo el Estado político otra misión que la de proteger la explotación del trabajo del pueblo por las clases económicamente privilegiadas, el poder del Estado sólo puede ser compatible con la libertad exclusiva de esas clases cuyos intereses representa, y por la misma razón debe ser contrario a la libertad del pueblo. Quien dice Estado o Poder, dice dominación; pero toda dominación presupone la existencia de masas dominadas.
Todos les Estados son malos en el sentido de que por su naturaleza, o sea por su base, por las condiciones de su existencia, son lo contrario de la justicia, la libertad y la moral humanas.
El Estado es violencia, una estúpida bravuconada por la violencia.
Quien dice Estado dice violencia, opresión, explotación, injusticia, convertidas en sistema y otras tantas condiciones fundamentales de la existencia misma de la sociedad.
El Estado, señores, nunca tuvo ni podrá tener moral. Su moral y su única justicia es el interés supremo de su conservación y de su omnipotencia, interés ante el cual debe inclinarse lo humano.
El Estado es la misma negación de la humanidad. Y lo es dos veces, como lo contrario de la libertad y de la justicia humanas, y como interrupción violenta de la solidaridad universal de la raza humana. Hay en la naturaleza misma del Estado algo que provoca la rebelión.
El Estado es la autoridad, es la fuerza, es la ostentación y la infatuación de la fuerza. No se insinúa, no procura convertir: y siempre que interviene lo hace de muy mala gana; porque su naturaleza no es persuadir, sino imponer, obligar. Por mucho que se esfuerce por enmascarar esa naturaleza como violador legal de la voluntad de los hombres, como negación permanente de su libertad.

El Estado es una institución histórica, transitoria, una forma pasajera de la sociedad.
Dice Marx en su célebre Manifiesto del partido comunista "El proletarido debe concentrar todos los instrumentos de produccion en manos del Estado, es decir, del proletariado elevado al rango de clase dominante". Si el proletariado, se pregunta, se convierte en clase dominante, ¿ sobre quién dominará ? Quedará pues otro proletariado que será dominado a esa nueva dominación, a ese nuevo Estado. Ése es el caso, por ejemplo, de la masa campesina que como se sabe, no disfruta de la benevolencia de los marxistas y que, encontrándose en un nivel inferior de cultura, será probablemente gobernada por el proletariado de las ciudades y de las fábricas; Donde existe el Estado existe inevitablemente la dominación, por consiguiente la esclavitud; el Estado sin la esclavitud -abierta o enmascarada- es imposible: es la razón por la cual somos enemigos del Estado.
¿Qué signifie el proletariado “elevado al rango de clase dominante"? ¿Sería el proletariado entero el que se pondrá a la cabeza del gobierno? Hay aproximadamente unos 40 millones de alemanes. ¿Se imagina uno a todos esos millones miembros del gobierno? El pueblo entero gobernará y no habrá gobernados. Pero entonces no habrá gobierno, no habría Estado; mientras que si no hay Estado, habrá gobernados, habrá esclavos.
Este dilema se resuelve fácilmente en la teoría marxista; Entienden, por gobierno del pueblo, un gobierno de un pequeño número de representantes emegidos por el pueblo. El sufragio universal -el derecho de elección por todo el pueblo de los representantes del pueblo y de los gerentes del Estado-, tal es la úultima palabra de los marxistas lo mismo que de la minoría dominante, tanto más peligrosa cuanto que aparece como la expresión de la voluntad del pueblo.
Ninguna dictadura puede tener otro objeto que su propia perpetuación y que no es capaz de engendrar y desarrollar en el pueblo que la soporta más que la esclavitud; la libertad no puede ser creada más que por la libertad, es decir, por la rebelión del pueblo y por la organización libre de las masas laboriosas de abajo a arriba.
Detestamos la monarquia con todo corazón y estamos convencidos que una gran républica militar, burocratizada et políticamente centralizada, puede convertirse, y necesariamente se convertirá, en una potencia conquistadora en el exterior, opresiva en el interior, y que será incapaz de asegurar a sus súbditos, que se llamarán ciudadadnos, el bienestar y la libertad. El pueblo, en ese sistema, A pesar de su soberanía completamente ficticia, continuará sirviendo de instrumento a pensamientos, a voluntades y por consiguiente también a intereses que no serán los suyos.
Más lejos que se aplica en nuestros Estados el sufragio electoral generalizado, bajo el despotismo de los gobiernos parlamentarios, subrayando que el pueblo no saca ninguna ventaja de la aplicación en Rusia de una constitución. Pero, se dirá, los trabajadores vueltos más sabios por la misma experiencia que hicieron, no enviarán ya los burgueses a las asambleas constituyentes legislativas; enviarán simples obreros. Por pobres que sean, podrán proveer el mantenimiento necesario a sus diputados. ¿Saben ustedes lo que resultará? Los obreros diputados, transportados en las condiciones de existencia burguesa y en una atmósfera de ideas políticas completamente burguesas, cesarán de ser trabajadores de hecho para convertirse en hombres de Estado. Se convertirán en burgueses ellos mismos, y quizás incluso más burgueses que los burgueses mismos. En efecto los hombres no crean las posiciones; son las posiciones, al contrario, las que hacen los hombres.
Bakunin

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