domingo, octubre 15, 2006

clase social y poder politico

Es de imaginar lo desagradable que debió ser para los dirigentes de tal o cual fábrica la súbita aparición de miles de dazibao. Pasaron unos diez días durante los cuales algunas personas no tuvieron ganas de continuar su trabajo y quisieron renunciar, alegando que no aguantaban más, que habían perdido el apetito y no podían conciliar el sueño. Eso de la pérdida del apetito y del sueño ocurrió también con los secretarios de los comités del Partido en los centros de enseñanza superior de Pekín. Los derechistas decían que no se les debía refutar, sino sólo permitirles la apertura de opiniones. También nosotros, por nuestra parte, señalamos que era preciso dejar que éstos expusieran sus opiniones y que no convenía refutarlos. Así fue como durante el mes de mayo nos abstuvimos de toda refutación y no hicimos nada en este sentido hasta el 8 de junio, lo que posibilitó que sus opiniones se manifestaran a plenitud. Probablemente más del 90 por ciento de ellas son justas, en tanto que menos de un 10 por ciento son de corte derechista. En aquellos momentos, lo único que cabía era escucharlas endureciendo el cuero cabelludo, para luego contraatacar. Esa etapa fue indispensable para todas las entidades. Tal campaña de rectificación debe efectuarse en cada fábrica y en cada cooperativa. Se la está llevando adelante también en el Ejército. Es muy necesario emprender una campaña así, pues de lo contrario, volverá a expandirse el "mercado libre”. Cosas tan extrañas ocurren en el mundo que bastan tres años sin campaña de rectificación para que de nuevo corran todo tipo de peregrinas especies y cunda la mentalidad capitalista en el Partido Comunista, en la Liga de la Juventud, en los partidos democráticos y entre los profesores universitarios, maestros de secundaria y primaria, periodistas, ingenieros y hombres de ciencia. Así como una casa necesita una limpieza diaria y la gente se lava la cara todos los días, también la campaña de rectificación debe efectuarse, a mi juicio, aproximadamente una vez por año y, cada vez, con un mes de duración. Quizá sobrevenga otra creciente cuando llegue el momento de hacerlo. La actual creciente no ha sido provocada por nosotros, sino por los derechistas. Si en el Partido Comunista hubo un Kao Kang - preguntamos en una ocasión -, ¿es posible que ustedes, los partidos democráticos, no tengan ningún Kao Kang? Nunca creímos que eso fuera posible. Ahora, cuando en el Partido Comunista han salido a la superficie otras gentes como Ting Ling, Feng Süe-feng y Chiang Feng.

¿no se han registrado casos semejantes en los partidos democráticos?

La burguesía y sus intelectuales deben reconocer la necesidad que tienen de remodelarse. Los derechistas negaron esta necesidad y, por añadidura, influyeron en otra gente para que se mostrara renuente a hacerlo alegando que ya estaba transformada. Chang Nai-chi dijo una vez que eso de la remodelación era un horror, que era como arrancarle a uno los tendones y el pellejo. Nosotros la describimos como renacer con nuevos huesos, pero él afirma que renacer con nuevos huesos implica arrancarle a uno los tendones y el pellejo. ¿Quién le va a arrancar los tendones y el pellejo a ese señor? Mucha gente ha olvidado cuál es nuestra finalidad, por qué hemos de proceder como hemos procedido y qué ventajas ofrece el socialismo. ¿Para qué se necesita la remodelación ideológica? Precisamente para que los intelectuales burgueses adquieran la concepción proletaria del mundo y se conviertan en intelectuales proletarios. Los intelectuales viejos se verán obligados a cambiar, pues se están formando intelectuales nuevos. En punto a erudición, de estos últimos ciertamente se puede decir que ahora valen poco, pero valdrán mucho en el futuro. El surgimiento de esta gente nueva pondrá en jaque a los viejos hombres de ciencia, ingenieros, profesores universitarios y maestros, forzándolos a avanzar. Creemos que la gran mayoría podrá avanzar y que una parte de ellos se convertirán en intelectuales proletarios. El proletariado debe formar su propio contingente de intelectuales, así como la burguesía tuvo que formar el suyo. Ningún Poder político de clase social alguna puede arreglárselas sin intelectuales propios.



alternativas frustradas

¿Cómo podría funcionar la dictadura burguesa de los Estados Unidos si no tuviera sus intelectuales?

Siendo la nuestra una dictadura proletaria, debemos formar un contingente de intelectuales propios del proletariado, contingente que incluya a todos aquellos intelectuales procedentes de la vieja sociedad que, como resultado de la reeducación, hayan hecho sólidamente suya la posición de la clase obrera. Entre los derechistas que se resisten a cambiar se cuenta probablemente ese tal Chang Nai-chi. Si usted le aconseja que se convierta en un intelectual proletario, dirá que no, que él hace tiempo se transformó y que es un "burgués rojo". Pero toda autodefinición necesita someterse a un examen colectivo, es decir, uno tiene derecho a definirse a sí mismo como le parezca, pero es indispensable someter esto a un examen de la comunidad. A él le decimos: "Usted no ha alcanzado esa calificación. Usted, Chang Nai-chi, es un burgués blanco."

¡Eso significaría nada menos que hacerse blancos primero y rojos después!

Hay quienes abogan por ser calificados primero y rojos después. Ellos se niegan a ser rojos ahora, diciendo que lo serán en el futuro. Cabe preguntar: Si no son rojos ahora, ¿qué color tienen? ¿No es acaso el color blanco? Los intelectuales deben ser rojos y a la vez calificados. Para tornarse rojos, tienen que tomar la decisión de desprenderse definitivamente de su concepción burguesa del mundo. Esto no implica la necesidad de leer gran cantidad de libros, pero sí la de adquirir una verdadera comprensión de qué es el proletariado y qué la dictadura proletaria, por qué el proletariado es la única clase que tiene porvenir en tanto que todas las demás son clases transitorias, por qué nuestro país debe seguir el camino socialista y no el capitalista, por qué es indispensable la dirección del Partido Comunista, etc., etc.

"Desaparecida la piel, ¿a qué podrá adherirse el pelo?"

Afirmé entonces que en China habían existido cinco pieles. Las tres viejas pieles eran la propiedad imperialista, la propiedad Feudal y la propiedad del capitalismo burocrático. En el pasado, los intelectuales vivían a costillas de estas tres pieles; a costillas, además, de la propiedad del capitalismo nacional y la propiedad de los pequeños productores, o sea, la de la pequeña burguesía. La revolución democrática en nuestro país se dirigía contra las primeras tres pieles, y duró más de cien años a contar desde Lin Tse-sü3. La revolución socialista se dirige contra las dos últimas: la propiedad del capitalismo nacional y la de los pequeños productores. Ahora todas estas cinco pieles han dejado de existir. Las tres antiguas desaparecieron hace tiempo y las otras dos tampoco existen ya. ¿Qué piel hay ahora? La de la propiedad social socialista. Esta, desde luego, comprende dos partes: la propiedad de todo el pueblo y la colectiva. ¿A costillas de quiénes viven ellos ahora? Sean los partidos democráticos, los profesores universitarios, los científicos o los periodistas, todos ellos viven a costillas de la clase obrera y los campesinos colectivizados, de la propiedad de todo el pueblo y la colectiva y, en síntesis, de la propiedad social socialista. Aquellas cinco viejas pieles ya no existen, y el pelo, ¿qué? Se ha quedado volando en el aire y ni cayendo puede afianzarse. Los intelectuales todavía miran con desprecio esta nueva piel. ¡Vaya con el proletariado y los campesinos pobres y campesinos medios inferiores ! ¡Vaya con esa gente tan ignorante, que no entiende ni de astronomía ni de geografía, y que es inferior a Sus Señorías en cuanto a los conocimientos.


Tse Tung

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